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San Petersburgo

Si Moscú es la capital más asiática de Europa, San Petersburgo es la metrópoli más europea de Rusia. Creada por Pedro el Grande para ser su "ventana hacia Occidente" en el único punto del territorio tradicional ruso que da al mar hacia el norte de Europa, fue construida con la disciplina y la pompa europeas características del siglo XVIII y XIX, principalmente por arquitectos europeos. El resultado es una metrópoli que sigue siendo una de las más bonitas de Europa; mientras Moscú intimida, San Petersburgo encanta. Hoy en día, a pesar de sus problemas, los ciudadanos sienten tanto cariño por su ciudad que la llaman en términos sencillos "Piter", mientras las reformas y las transformaciones están remodelando la urbe con casi 80 años de retraso.

La Plaza de Palacio

Durante 200 años el vasto imperio ruso fue gobernado desde esta manzana de medio kilómetro situada en el corazón de San Petersburgo. Ésta es una de las grandes plazas de Europa, bordeada de coloristas pero elegantes edificios y moteada con monumentos conmemorativos de la victoria de Rusia sobre Napoleón. Fue testigo del "domingo sangriento" de 1905, el ansia bolchevique por arrebatar el poder en 1917 y las vigilias nocturnas que se hicieron en nombre de la democracia durante el golpe de estado de 1991.

La plaza está dominada por la fantasía rococó verde y gris del Palacio de Invierno, la más grande de las piezas arquitectónicas que componen el Museo Estatal del Ermitage. Durante los días grises de antaño, los visitantes venían a la ciudad sólo por el museo que, incluso hoy, él solito, seguramente se zamparía una semana del preciado tiempo del visitante. El complejo de edificios es del tamaño de una ciudad pequeña (un mapa y un compás son absolutamente necesarios).Hay cuatro edificios conectados a orillas del río: el Palacio de Invierno, los edificios del Gran y del Pequeño Ermitage y el Teatro del Ermitage. Éstos albergan una impresionante colección de arte europeo occidental con suficientes arañas de luz, incrustaciones en los techos, joyas zarianas y tesoros. Gran parte de la colección data de la época culturalmente próspera de Catalina la Grande y muchas de las obras fueron adquiridas cuando el poder de Napoleón empezaba a flaquear.

Adyacente al Palacio de Invierno se encuentra la aguja dorada del Almirantazgo o Ministerio de la Marina, un buen punto de referencia en caso de estar desorientado. Este edificio clásico de estilo imperial es la sede de la escuela universitaria naval y está llena de ángeles trompeteros, estatuas descomunales y fuentes. A finales de 2000 se celebraron los funerales de los licenciados de la escuela naval que murieron trágicamente en el submarino Kursk.

La Fortaleza de Pedro y Pablo

Sobre la minúscula Isla Zayachy se asienta el edificio más antiguo de la ciudad: la Fortaleza de Pedro y Pablo. Fue construida en 1703 para defender la tierra recién conquistada a los suecos y fue diseñada según el proyecto que esbozó el mismísimo Pedro el Grande. Sin embargo se usó principalmente hasta el año 1917 como prisión política cuyo primer huésped fue el propio hijo de Pedro, Alexey, al que le siguieron otros destacados personajes como Dostoievski, Gorki, Trotski y el hermano mayor de Lenin, Alejandro.

La catedral adjunta, aunque sencilla por fuera, dispone de un magnifico interior barroco. La mayoría de los dirigentes Romanov de Rusia fueron enterrados aquí. Entre la catedral y los cuarteles de los oficiales se yergue una estatua de Pedro el Grande de curiosas proporciones - se dice que frotar su dedo derecho trae buena suerte.

El Museo Ruso

El enorme Museo Ruso, que muchos visitantes pasan por alto en favor del Ermitage, es una joya para quienes estén interesados en el arte y la cultura rusas. Tiene su sede en el antiguo palacio Mijailovski, diseñado por Carlo Rossi y construido entre 1819 y 1925 por el Gran Duque Mijail (hermano de los zares Alejandro I y Nicolás I) como compensación por no tener opción al trono. El museo se fundo en 1895, durante el reinado de Nicolás II, y abrió tres años después. La vista más impresionante del edificio se obtiene desde la parte trasera, en paseo de una noche por los agradables Jardines Mijailovski. Por la noche, el palacio iluminado se convierte en un lugar muy romántico.

La Isla Vasilevski

La isla más grande de San Petersburgo está encajada a modo de tapón en la desembocadura del Neva. Los lugares más interesantes se agrupan en su extremo oriental, justo cruzando el río desde el Almirantazgo. Entre ellos se incluyen edificios marítimos, la universidad de la ciudad, un montón de museos y algunas de las mejores vistas de la ciudad. La isla está adornada con columnas rostrales, faros de navegación configurados en forma de proa de barco que hoy en día arrojan constantemente llamaradas de gas los días de fiesta.

Entre los museos se encuentran el Museo Naval, el Museo de Zoología, el Museo de Antropología y Etnografía o Kunstkammer (con su extrañísima colección) y la Academia de las Artes. El Museo de Geología alberga un mapa de la Unión soviética de más de 26 m2, confeccionado con piedras preciosas entre las que figuran amatistas, diamantes y rubíes. También hay el Museo Sigmund Freud de los Sueños, una exposición innovadora que puede visitarse en el Instituto de Psicoanálisis, una joya para los soñadores y amantes del psicoanálisis.

Nevsky Prospect

Los "Campos Elíseos" de San Petersburgo son el famoso Nevsky prospekt, que va hacia el oeste a lo largo de 4 km desde el Almirantazgo hasta el Monasterio de Alejandro Nevsky a orillas del Neva. Bordeado de magníficos edificios y atestado de gente, éste un buen sitio para sentir el pulso de la ciudad especialmente en las Noches Blancas de pleno verano. La lista de los antiguos residentes que vivieron por aquí y alrededores de la célebre calle se lee como un auténtico Quién es quién: Gógol, Tchaikovski, Turgéniev, Nijinsk, Rimski-Korsakov y Dostoievski.

Mientras uno da un paseo no debe olvidarse de alzar la mirada y fijarse en los detalles arquitectónicos. Entre los lugares turísticos por los que el visitante deambulará se encuentran la Catedral de Kazan con muchísimas columnas (sede del Museo de la Religión), el antiguo edificio de estilo Art Nouveau de la empresa de máquinas de coser Singer (hoy en día una librería), los abovedados grandes almacenes Gostiny Dvor y la inmensa plaza dominada por la estatua de Catalina la Grande rodeada de sus numerosos amantes. Vale la pena echar un vistazo a la mayoría de las tiendas tan sólo por sus interiores. Abarcan desde los palacios de mercancías del siglo XIX a las extraordinariamente opulentas extravagancias del Art Nouveau y del art déco.

Palacio de Verano

Entre el Campo de Marte y el río Fontanka, se encuentra al jardín más encantados y antiguo de San Petersburgo. Pedro el Grande ordenó su construcción; tiene fuentes, pabellones y un plano geométrico similar al de Versalles. Se convirtió en uno de los lugares favoritos para las damas (y los caballeros) del siglo XIX. Aunque ha cambiado, perdura su elegancia formal.

El modesto Palacio de Verano, de dos pisos, situado en el extreme noreste del parque, fue el primer palacio, construido por Pedro el Grande entre 1704 y 1714, y ahora está abierto al público. Los pequeños relieves de sus muros representan victorias navales rusas, y muchas de las habitaciones están decoradas con mobiliario de principios del siglo XVIII.

Pablo I, hijo de Catalina la Grande, hizo derribar el hermoso palacio de madera construido por la Emperatriz Isabel par construir en su lugar el voluminoso castillo de los Ingenieros. Una de sus alas, donde ocasionalmente hay exposiciones, pertenece actualmente al Museo Ruso.

Catedral de San Isaac

La cúpula dorada de 21,8 m de altura que sobresale en el perfil de San Petersburgo es la Catedral de San Isaac, la última construcción neoclásica que se edificó en la ciudad. El diseñador francés Ricard de Montferrand empezó los preparativos en 1818 pero la construcción llevó tanto tiempo (hasta 1858) que Nicolás pudo ampliar el proyecto para introducir más sofisticación. El granito se trajo de Finlandia (y fue transportado en barcos y ferrocarriles construidos especialmente para el cometido), se utilizaron cien quilos de pan de oro en la cúpula y el resultado final, un lujoso interior de mármol y mosaico, es una auténtica joya. Desde lo alto de la columnata, de 43 m de altura, se obtienen unas vistas espectaculares de la ciudad.

Museo Pushkin

Pushkin murió en este lugar a orillas del río en 1837, tras un duelo con el soldado francés Baron d'Anthes que había estado cortejando públicamente a la hermosa mujer del poeta, Natalia. En el museo se ofrecen visitas guiadas en inglés, pero hay que reservar con antelación. El interior se mantiene exactamente igual que durante los últimos días vida del poeta. Para los más morbosos, se conserva la máscara con la que murió, un mechón de pelo y el traje que vestía cuando murió.

Museo de Artes Aplicadas y Decorativas

Situado frente al extremo este del Jardín de Verano, este museo es impresionante. La colección empezó a reunirla el barón Stieglitz en 1878, con el deseo de rodear a sus alumnos de la Escuela de dibujo técnico con obras de arte que los inspiraran. Entre 1885 y 1889 se construyó de la mano del Messmacher y cada sala se decoró con un estilo diferente. Desgraciadamente, gran parte de la decoración se perdió con el cierre de la escuela cuando estalló la revolución, pero los trabajos de recuperación siguen en marcha. Los objetos que se muestran cortan la respiración; se conserva desde mobiliario medieval de artesanía hasta una peculiar colección de azulejos rusos, además de trabajos de los estudiantes de la escuela. No hay que perderse la sala Terem, decorada con el estilo del palacio medieval del Kremlin de Moscú.

 
 

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